Héroe de la Sociedad Moderna

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Hola. soy publicista. Tengo un enorme auto para que la gente vea lo exitoso que soy. Las apariencias lo son todo. Las marcas sustituyen mis necesidades. La vida es consumir y celebrar. Tomo como condenado y de repente me jalo sus líneas. Estoy vuelto loco. El mundo es mío. Me subo a mi inmenso auto, más grande que mi pene. Voy a 180 en ciudad. Me mato.  

Ahora soy un héroe para ustedes. No lo nieguen.



 

Meada de Minuto y Medio

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"Don't try" decía Charles. Tenía razón. Ser tú mismo es un concepto publicitario bien convincente. Admito con vergüenza que me lo tragué por completo. Pero es bazofia pura. 

Sé tú mismo y acabarás solo. Sé un hipócrita. Sé poco sincero. Sé rentable. Sé carismático. Sé el que invita las cervezas y las risas. Sé el vendedor de una realidad buena onda, enmarcada en imágenes de juntas de adulto joven sacadas de comerciales de Escudo. Preséntales a tus amigos, sonrían y saluden. Formen una gran familia ficticia a la cual llamar por teléfono para organizar el cumpleaños del próximo hermano. Defiéndanse entre ustedes, incluso a los más vulnerables a la hipocresía. Olvida en todo momento al que no está presente, aún cuando esté presente cuando lo necesites para algo que no sea cerveza. Siente la protección de un puesto bien ganado al cual pertenecer. No hay nada que se sienta mejor que pertenecer, que saber que ellos te escucharán sin importar lo vacía de tu aventura o lo intrascendente de tu viaje al país cualquiera. Bendice a la zorra, al zorrón, a la zorruda y al zorrillo. Son tus amigos, no los míos. "No te atrevas a tocarlos". 

Ni lo intentes, decía Carlitos. Pero lo hice, y fue un desastre. Uno que valió la pena (¿lo valió?). Conservé mi orgullo intacto. No eché mano a mi cinismo más allá de la cantidad diaria recomendada. Pero me quedé solo por amargo. Por... dejémoslo solo en amargo. Toda defensa adicional es innecesaria. Nadie ha dicho que quiero ser mejor que lo que soy ahora, si ser bueno significa ponerme el disfraz para encajar en la fiesta. No me gusta el cotillón. No es mi culpa que a ti te vuelvan loco las serpentinas. Yo no recuerdo tus noches vergonzosas para que tú recuerdes mis tardes más ácidas. Estoy cansado de ir a la contra. Puedes descontar mi cuota. No iré a la reunión familiar este fin de semana, ni el próximo. 

Pueden comenzar la bacanal sin mi.






"¿Cómo puedes "ser tú mismo" cuando ni siquiera sabes quién eres? Deja de decir 'se cómo te sientes' ¿Cómo puede alguien saber cómo se siente otro?"
- T.H.




Der Spiegel

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Me odias, amigo mío, y lo sabes. Me odias desde el momento en el que me convertí en ti. Desde el momento en el que sentir lástima por mi vida se convirtió en una sobrecogedora pena por la tuya. Te desgarro. Tomo la punta del hilo que junta tus dos mitades y lo descoso de extremo a extremo. Miro tus entrañas y me veo a mi mismo. Estoy adentro, pateando tu corazón desde el interior.

Eres mi mejor amigo. Mi hermano, mi sombra. Por eso entiendo y comparto tu odio sin que en mi nazcan deseos de sacarte los dientes. Nuestra confianza es completa. Podrías vomitar sobre mi mientras me como el coño de tu madre.

Me odias, y lo sabes. Me lo dijiste. No me digas que no te acuerdas. No intentes engañar a tu reflejo.

Aprecio tu sinceridad, por eso puedes contar con la mía. A mi también me produces nauseas. Tu debilidad solo me recuerda la mía. Comparto tu miseria, pero no tu alegría. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que comparto tu felicidad? Al carajo, NO. Estás solo en esto. Yo también lo estoy. Incluso entonces lo estaba, con ella. Sólo que yo no pretendí que eso te importara. ¿Por qué? Porque yo puedo apreciar nuestra diferencia, nuestra única diferencia: y es que estamos solos, mi hermano. Tú y yo. A cada lado del espejo.

Y lo disfruto.

Pero tranquilo, oh, amigo mío. Tú lo descubrirás también, más pronto de lo que imaginas.
Y
va
a
gustarte.




Síndrome de Privación

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Vivir para siempre o morir en el intento.
Prenderle fuego a las camas de los internos.
La caricia que duele como mil golpes,
el saludo que daña más que el desprecio.
Sal y alcohol para las heridas intangibles
que sanan y mueren
que sangran y hieden
como las moscas del matadero.

Nada finalmente salva.
Algo dentro se enerva.
Todo termina muerto.
Y vuelve a su escencia.

Morir finalmente o vivir en el infierno.
Prenderle fuego a las almas de los ineptos.
La seguridad mientras te pasan mil goles,
el comentario preciso que gatilla el enrabiamiento.
Pan y circo para los heridos inservibles
que sangran o mueren
que sanan o hieden
como las lacras del paradero.




Aguanta

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Aguanta.



- Yo no quiero tu casa en los suburbios, ni tu familia felizmente conformada. Cuatro hijos como mínimo, para poblar toda la tierra y llenarla de gracia, como dicta tu amo. No deseo vivir sólo de tu trabajo de 8 a 5 para volver luego a ignorarla, ignorarlos, y a prender la tele para ver el circo de travestis y enanos de un flaite con plata en el canal nueve.

No me quiero ir de la ciudad buscando un pasar más tranquilo, en una cabaña en las faldas de un cerro, codeándome con las parcelas de los Paulmann y los Larraechea. No me interesa tu matrimonio falso, tu anillo pagado en 24 cuotas y tu certificado de bordes prepicados. Nunca estaremos juntos con ella sólo por los niños. Nunca les traeremos un pavo para celebrar noche buena ni brindaremos con helado de piña y champaña por el nuevo año. No veremos fútbol en tu LCD mientras las mujeres lavan la loza y retan a nuestros hijos y nietos. No seré el yerno perfecto para ninguno de ellos. Ni el hombre perfecto para ella.

Pero sí la amaré hasta que te duelan los huevos de rabia, y a ti se te rompa el mango de la sartén. La casaré bajo mi propia ley, frente a las montañas, sobre un puente por el que ninguna Van familiar pasará jamás. Sus hijos serán mis hijos, aunque no lo sean. Y la llenaré con todo lo que ella ama y yo odio de mi. Y será suficiente, a pesar de la inmensa y fría distancia que existe entre nosotros.

No me iré jamás de esta ciudad. No cambiaría por ninguna parcela en el sur este viejo departamento en altura, desde donde puedo ver el caos abajo sin que pueda hacerme daño. Desde donde respiro por sobre el smog y escucho por sobre las bocinas. Desde donde haremos el amor mirando desde la corniza, para que la cercanía de la muerte nos haga sentirnos más vivos que nunca. Amo esta ciudad, amo a tu hija, y la tuya también, y prometo...


¡PROMETO!

... que no la soltaré nunca de mis brazos muertos. -



Ya. Me desahogué. Ahora si, puedes disparar.




Turistas


 

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